EL TREN LUNÁTICO I

­En 1896, el afán colonialista en África propicia la construcción de una vía férrea para unir la costa del Índico con el Lago Victoria, con el fin de facilitar el acceso al corazón del continente. La dificultad de dicha empresa y los problemas surgidos durante su construcción bautizarían a este ferrocarril como Lunatic Express. Unos 2400 trabajadores murieron durante los 5 años que se tardaron en construir los 926 km de la línea férrea. Aunque actualmente el tren lunático está en decadencia, el viaje sobre sus vetustos raíles es una buena manera de conocer la esencia de esta parte del continente africano.

Enrique_de_la_Montaña-1Nuestro viaje comienza en Mombasa, ciudad costera de agitado pasado, cuna de los swahilis pero producto de la histórica presencia de nativos bantúes, comerciantes árabes, conquistadores portugueses, colonos europeos y peones provenientes de la India, que le imprimen a la ciudad su carácter multicultural actual.

Enrique_de_la_Montaña-10Los peones indios eran coolies de las castas inferiores que llegaron a esta costa traídos por los ingleses para trabajar en la construcción del tren, ya que los nativos no eran tan “productivos”.

Enrique_de_la_Montaña-2Tres veces por semana un tren de pasajeros sale desde Mombasa en la costa y Kisumu en el Lago Victoria para encontrarse a mitad del camino en la capital del país. El viaje es principalmente nocturno y como mínimo se necesitan 14 horas de lento traqueteo, sin contar los habituales retrasos.

Enrique_de_la_Montaña-13 En primera y segunda clase se dispone de un camarote con literas, y de comidas en el coche restaurante, en el que camareros negros de turbio blanco sirven a turistas sonrosados, en una escena de rancio sabor que inevitablemente recuerda a los fantasmas que reinaron en este continente.

Enrique_de_la_Montaña-4 En tercera clase viajan los keniatas. En estos austeros vagones cada pasajero dispone de un asiento junto a otras dos personas, siempre que el vagón no esté lleno y tengas que ir de pie. Una segregación no forzada pero real, que podría parecer racial pero que en realidad es de clases.

Enrique_de_la_Montaña-5 Durante el trayecto es posible toparse con la fauna salvaje. Su abundancia en el siglo pasado atrajo a algunas personalidades importantes, como el presidente norteamericano Roosevelt, que apostados en un asiento especial que llevaban en la parte delantera las locomotoras, disparaban a todo lo que corría a su alrededor.

Enrique_de_la_Montaña-6 Pero ese carácter salvaje de esta tierra también dio lugar a trágicos sucesos. El cinematográfico libro escrito por J. H. Patterson Man-Eaters of Tsavo, da una idea de la ferocidad de los animales que entorpecieron la construcción del ferrocarril. Estos “demonios”, como eran llamados por los trabajadores, eran leones que aprovechaban la noche para entrar en las tiendas donde dormía el personal y hacerse con una presa que arrastraban a la espesura donde los devoraban. Dos de estos leones mataron 28 coolies y un número indeterminado de trabajadores nativos, pero que se estima en más de 100.

Enrique_de_la_Montaña-7 Además de las fieras devoradoras de hombres, la malaria, el cólera, el escorbuto, la disentería, el tifus, la mosca tse-tsé, y las tribus belicosas como los Masai también pusieron en serias dificultades la culminación del proyecto ferroviario. Actualmente esta orgullosa etnia es un ejemplo de integración en la cultura moderna a la vez que conservan sus costumbres e identidad.

Enrique_de_la_Montaña-8 Al llegar a la capital, el tren atraviesa Kibera, el mayor suburbio de África donde viven cerca de 1 millón de personas sin apenas acceso a electricidad y agua, y donde las letrinas a veces se comparten por hasta 50 chabolas. Por cierto, este lugar también es protagonista de una excelente película de denuncia social basada en una novela de Jhon Le Carré, sabéis cuál?

Enrique_de_la_Montaña-9Última parada, Nairobi, al menos de momento, ya que nos bajamos del tren para hacer un descanso pero compramos el pasaje para continuar viaje hasta el Lago Victoria en las próximas semanas. Espero que me acompañéis en la segunda parte.

A Lorenzo, Mónica, Martín y Jorge.

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